Mostrando entradas con la etiqueta fotografías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fotografías. Mostrar todas las entradas


En enero de dosmilquince saqué estas fotos desde la ventanilla de un bondi, probablemente en la terminal de San Carlos. Vi al perro y lo seguí con la cámara, sacándole fotos mientras el bicho daba vueltas por el hormigón, buscando algo que terminó siendo ese poquito de agua empozada. Cuando se puso a tomar se me dispararon mil cosas en la cabeza y en el corazón, algo como ver que ahí me estaban regalando una escena para ser compartida, un cuadro que podría interpretarse de dos o tres formas obvias y generales pero también de mil formas complejas e íntimas; un relato que exigía ser parte de algo más.

Pasaron varios meses y varios viajes, y un buen día Juan me habló del nuevo disco de Acorazado y del trabajo que se venía para hacer la gráfica. Me mandó las maquetas de las nuevas canciones y me dijo que el nombre para el disco giraba en torno a la palabra Hermanos. Y entonces volvió la sensación que tuve cuando saqué las fotos del perrito. Algo cerraba redondo, algo se armaba y no había mucha más vuelta que darle: esas imágenes eran para ese disco, para estos amigos (en realidad faltarían vueltas, pero de otro tipo: hacer relecturas, encontrar el medio adecuado, componer gráficamente, resolver asuntos técnicos; temas de segundo orden).

Mañana toca Acorazado en Montevideo y presenta Labios del río, el hermoso disco que estas fotos tienen el privilegio de acompañar, para por fin compartir su cuento.

Nos vemos.



Sobre el humor en arte, tomado de Federico Hurtado, tomado a su vez de Mauricio Kartun.


Convengamos en algo: el arte no es serio.
El arte es trascendente, indispensable, es unas cuantas cosas mas, 
pero no es serio. Y los artistas habitualmente tampoco.
El mundo de la producción -que en todos los sistemas de pensamiento es quien instala dentro de sus limites al campo de lo profano- es por presión misma de lo conceptual, de lo ideológico, lo que conocemos como una actividad seria.
Pero como podría ser serio aquello que por pertenencia natural al otro club, al de lo sagrado, se mueve en el espacio ritual, y cachondo de la fiesta.Sin embargo, un envarado empaquetamiento ha desprestigiado a lo cómico como parte activa del fenómeno creador.
El pensamiento critico- ejercido demasiado habitualmente desde el campo solemne de lo profano- ha valorizado lo serio y no ha comprendido en general la fenomenología de lo divertido.

Mauricio Kartun (Dramaturgo argentino)
Me invitaron a dar parte de un curso de ilustración (específicamente, un módulo sobre ilustración digital) y, entre los materiales que armé, seleccioné unas cuantas fotos de mi archivo personal para darles a los estudiantes como insumo para los trabajos que les vengo proponiendo durante el curso. El resultado en clase viene siendo muy lindo, así que decidí extender la disponibilidad de estas imágenes a quien quiera usarlas, sea para trabajos personales o para trabajos por encargo.

Es una forma que encontré, pequeña y desorganizada, pero también honesta, de retribuir con algo a lo mucho que leo, miro y escucho en internet gracias a quienes suben contenidos con el ánimo de mostrar, compartir o difundir.

Suyo.

Bajó la exposición "a escala humana", que estuvo por unos tres meses en el Bar Andorra. Es un buen momento para, de una buena vez y sin haberlo planificado alguna vez, publicar todas las fotos que saqué durante la realización de esta serie (bueno, no son todas las fotos, pero sí son todas las personas retratadas, en algunos casos hice más de una toma para asegurarme un resultado digno).

Agregar algo a lo que las fotos dicen sería innecesario. Pero sí me queda para decir alguna que otra cosa sobre el desarrollo de este trabajo. 

El plan fue siempre hacerlo público, de alguna forma (libro, exposición). Tal como se puede encontrar en este blog, el proyecto tuvo varias identidades y ediciones de las imágenes, entraban algunas, salían otras, siempre sobra la base de lo existente. La única toma que se sumó, más allá de las hechas entre 2003 y 2006, es un retrato de mí como fotógrafo callejero, a sugerencia del docente y los compañeros del taller de diseño de libro fotográfico de autor, que hice durante algunos meses de 2009 en el Centro de Fotografía de la Intendencia de Montevideo. 
Eso, por la parte formal.

Luego, lo emocional que tiene sentido compartir. 
"Cada rostro tiene su porción de belleza" dijo Dominique Roger en una entrevista al diario Página 12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/21-21294-2011-04-06.html). Después de leer esa nota quise anotar la frase pero escribí "Todo rostro tiene una proporción de belleza" y me gustó más o, por lo menos, me pareció también válida. Los rostros, las personas retratadas en esta serie tienen todas una enorme belleza, más mérito de los modelos que del fotógrafo, por supuesto. Yo no tenía demasiado claro que además de registrar oficios estaba retratando personas en un momento dado de sus vidas, de la historia de este país y de lo que significa hacer fotografía. son tomas hechas poco tiempo después de la crisis económica más grande que tuvo este país. Saqué las fotos con una cámara de rollo (una Vivitar V3000, con un lente zoom Kenlock puesto en 28mm. Hoy sacar fotos es otra cosa, hay cámaras digitales por todos lados, en muchas manos y en muchos dispositivos, algo que no es ni mejor ni peor, pero sí muy diferente a lo que era el 2003, que no pareciera estar tan lejos pero está. Y las personas que retraté están registradas en vaya a saber uno qué momento de sus vidas, qué momento del día en que nos cruzamos. Ahí están, con un gesto particular, atentas al fotógrafo la mayoría, otras haciendo como que no estoy tras haber dado su consentimiento a ser retratadas. Es probable que algunas de esas personas hayan muerto en este tiempo que pasó entre sacar la foto y hacerla pública. Es un dato al margen, pero es un dato. Ellos, ellas, son los mismos, pero no. Yo soy la misma persona y no. Todos seguimos hacia alguna parte. Reecontrarme con esa gente y ponerla en un medio público es cumplir una promesa hecha en cada caso ("algún día voy a exponer estas fotos", les decía, para explicar de qué iba la cosa y asegurarme el consentimiento con conocimiento de causa cabal por parte de la persona que abordaba), y es una forma, una vez más, de darles las gracias por su tiempo, su disposición y por haberme dado un poco de su humanidad, algo que me hizo mejor persona de lo que era.

Gracias a toda la gente que participó en este trabajo, especialmente a Andrés Cribari y la gente del Bar Andora por haberle dado un espacio físico de exposición.

Y como dice un pegotín en una de las fotos, a no bajar los brazos. A trabajar.